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lunes, 27 de septiembre de 2021

Estudio de la restauración de la Mona Lisa del Prado. Museo del Prado

Mona Lisa del Prado. El Diario.es

 

Los enigmas de la Mona Lisa que el Prado no ha resuelto

Restauración de 'La Gioconda' del taller de Leonardo, en el Museo del Prado

Si te cruzaras con la Gioconda por la calle nunca sería la del Louvre, porque no existe. La del Prado, en cambio, es real. Así explicaba Enrique Quintana, el responsable de los talleres de restauración del museo, la diferencia entre el retrato más popular de la historia de la pintura y su versión. Según esta interpretación Leonardo da Vinci realizó un experimento interminable que acabó convirtiendo a la retratada, Lisa Gherardini, en otro ser, mientras que uno de sus colaboradores del taller atendió el encargo de Francesco del Giocondo y retrató a su esposa. Ella es la que descansa en el Prado, rodeada de curiosos que no pueden fotografiarla y de un misterio que, una década después de su redescubrimiento, el museo español no ha resuelto: ¿quién pintó el cuadro?

La cuestión no se va a desvelar en la humilde muestra que el Prado inaugura este lunes, comisariada por Ana González Mozo, centrada en los procesos creativos del taller de Leonardo. Se expondrán obras del fondo de armario del propio museo y algún préstamo, con una doble intención: "Por un lado, profundizar en los nuevos enfoques e investigaciones de los últimos estudios científicos llevados a cabo y, por otro, determinar las diversas tipologías de las versiones realizadas en el taller de Leonardo", según explica el Prado. Diez años después la versión calcada —que no copia— seguirá siendo un misterio, pero atenderá a dos urgencias económicas que condicionan la programación del museo: montaje muy barato y con un fuerte reclamo de público, el de Leonardo da Vinci.




Miguel Falomir, director del Museo del Prado, ya ha avanzado que no lanzarán una hipótesis sobre la firma de la versión de La Gioconda. Así que el cuadro seguirá jugando en la disparatada liga de las atribuciones, donde el ojo es el pichichi de los argumentos. Se ha llegado a decir de esta pintura que pudo ser realizada por el alemán Hans Holbein, aunque cuando el cuadro se presentó al público, en 2012, ya sin el fondo negro que había cubierto el paisaje durante al menos dos siglos y medio, se apuntaron los nombres de Francesco Melzi y Andrea Salai. El manchego Fernando Yáñez de la Almedina, el discípulo español de Leonardo, fue descartado de inmediato.

¿Exquisita o insignificante?

Falomir fue de los primeros investigadores en acercarse a la verdad del cuadro años antes del hallazgo. En 1999 publicó que la del Prado "debió realizarse frente" al cuadro del Louvre. Lo que no imaginó entonces es que fue en el mismo taller. Todavía no había pruebas que demostraran que se pintaron simultáneamente, antes de que Leonardo pusiera rumbo a Francia. Los calcos con los que se transportó la imagen de una tabla a otra lo demuestran. Ana González Mozo descubrió un dibujo que corregía lo mismo que corregía Leonardo. Su autor está junto a él mientras este trabaja.

Antes de estas extraordinarias investigaciones de los trabajadores del Prado, para algunos fue un retrato exquisito, y vulgar e insignificante para otros. "Sea quien fuere, se trata de un pintor discreto responsable de las imperfecciones anatómicas del pecho de la modelo. Es, además, un pintor técnica y estéticamente alejado de Leonardo, lo que desaconseja identificarlo con alguno de sus discípulos. Poseedor de una caligrafía minuciosa, desconoce el sfumato leonardesco, como se percibe en el modo de aplicar el color, sin matices y en superficies limitadas por gruesas líneas negras", escribió Miguel Falomir, que nunca ha mostrado entusiasmo ante esta pintura, antes del hallazgo del fondo.





El autor de la copia, tal y como dijo Falomir, no respetó el mandato del maestro Da Vinci, que exigía eliminar los perfiles netos para mantener el vínculo de la figura con su entorno. Abusó de un trazo muy acusado, de tal modo que la figura de la mujer se recorta sobre el paisaje y se despega de él, como un cromo en un álbum. La versión que vemos hoy de La Gioconda del Louvre, sucia y oxidada, se integra perfectamente en el fondo. La del Prado es una versión con tanta definición como el HD de las televisiones actuales. Además atendió al código de la elegancia de la época: depilarse las cejas. No solo las damas, también los caballeros, como dejó escrito Baltasar Castiglione en su Cortesano.

¿'Sfumato', dónde?

De ahí otro enigma sin resolver. Si Leonardo da Vinci quiso acabar con las siluetas subrayadas y escribió sobre ello para que su propio taller no lo llevara a la práctica, ¿por qué permitió esta obra? El sfumato es uno de los recursos de su programa naturalista a ultranza, como lo son la perspectiva aérea y el revolucionario empleo de las luces y las sombras, cualidades en las que el autor de La Gioconda del Prado cuenta con una fortuna menor que el del Louvre. Es muy extraño que esta fórmula del maestro no haya pasado a sus discípulos.

La hermanastra del cuadro más famoso del mundo tenía una capa negra que escondía la verdad y, adherida a ella, otra espesa cortina de suposiciones que desvirtuaban el retrato. Tantos siglos mirándola y tan erróneamente acabaron cuando la miró Vincent Delieuvin. Al conservador de pintura italiana del Museo del Louvre y experto en Leonardo da Vinci le llamó la atención que se trataba de la única copia de La Gioconda de todas las que se conservan que no se parecía a La Gioconda. Pidió al Prado un estudio para incluirla en la exposición temporal Santa Ana, la última obra maestra de Leonardo da Vinci. Fue entonces, movilizados por la petición del Louvre, cuando Ana González Mozo descubrió en ese fondo tan oscuro, gracias a las reflectografías, perfiles que podrían ser montañas.




Era paradójico: si el trabajo del copista debe ser lo más fiel posible al original, ¿por qué es tan distinta en su rostro y tan similar en sus proporciones? Para Delieuvin cuando hay cambios en una copia es sospechoso, puede significar algo. Tuvo una "corazonada". El conservador francés indicó entonces a este periodista que la versión del Prado no muestra el estado final que ejecutó Leonardo en la del Louvre. Es un estadio intermedio de la creación, "como una fotografía de la del Louvre antes de acabarla". "Los dos usan los mismos materiales, pero la de Leonardo es poesía", según Delieuvin, que aventuró la fecha de realización entre 1508 y 1513. Leonardo continuó retocando y perfeccionando la suya en Francia y de forma obsesiva. Concedía a cada detalle una nota esencial en la composición final y de ese largo proceso de creación surge ese mito de perfección que rodea a la del Louvre.

¿Y el luto?

Otra de las cuestiones sin resolver después de que se aparcara la investigación del cuadro es por qué y cuándo se extendió ese telón oscuro entre el paisaje y la protagonista. La fecha aproximada es de 250 años después de su creación. Todo apunta a que el repinte negro fue una reacción de la moda sobre un cuadro apreciado que baila entre dos mundos enfrentados: el renacentista y el neoclásico. El siglo XVIII convierte el retrato de una mujer en el mundo en otra encerrada en una habitación. De la naturalidad a la austeridad. La decisión fue tajante: había que desconectarla del pasado para incluirla en la modernidad.Mona Lisa aparece en el inventario del Alcázar de Madrid en 1666, redactado a la muerte de Felipe IV: "Una mujer de mano de Leonardo Abince 100 ds (doblones)". No se dice nada del fondo y cuando llegó al Museo del Prado ya tenía el luto. El más fiel a las recreaciones sobre la sobriedad y serenidad neoclásica fue Antonio Rafael Mengs, pintor de cámara de Carlos III. Los especialistas del museo no tienen una opinión formada sobre la posibilidad de que Mengs —capacitado para alterar, ordenar y redecorar el Palacio Real— fuera el responsable de esta decisión, pero tampoco la descartan.

En el limitado aprecio de Mengs por Leonardo puede estar la respuesta: "Todos los que vivieron antes de Rafael... no buscaron más que la pintura por imitación, sin saber qué cosa era gusto; y así sus cuadros son en cierto modo un verdadero caos", escribió. Así se cargó la mitad del Renacimiento y al pintor que más influyó en Rafael, Leonardo. No parece raro que quien impuso el cambio de gusto y frenó la maquinaria barroca, quien obligó a los artistas al estudio austero y apurado de las formas, ordenara la creación de una galería de retratos sobrios. El Prado tendrá que lanzar su hipótesis en algún momento. Mientras esperamos, el inventario de 1747 ofrece una pista muy interesante en el cambio de tendencia en la tasación de esta Gioconda: después de un siglo ha dejado de ser de las más caras de la colección real. El velo negro ninguneó su valor y así fue hasta hace diez años aunque el Prado no la considere una obra maestra.


jueves, 10 de enero de 2019

Los historiadores de arte, contra la exposición sobre Leonardo comisariada por Christian Gálvez. Diario El País

Los historiadores de arte, contra la exposición sobre Leonardo comisariada por Christian Gálvez


Un grupo de catedráticos critica el “intrusismo” del presentador, artífice de la muestra en Madrid sobre el genio renacentista

La propuesta de Christian Gálvez en torno a la figura de Leonardo da Vinci, una muestra en el Palacio de las Alhajas, en Madrid, titulada Los rostros del genio, acompañada de un conjunto de piezas expuestas en la zona de tránsito de la Biblioteca Nacional (BNE), como preludio a la exposición de los códices Madrid I y Madrid II del genio renacentista, ha provocado una denuncia de intrusismo profesional contra el popular presentador del programa de televisión Pasapalabra. La queja la firma el Comité Español de Historia del Arte (CEHA), entidad que agrupa a más de 500 catedráticos de la materia. En el comunicado, del pasado jueves, los expertos censuran la complicidad en el proyecto de Ana Santos, directora de la BNE, bajo cuyo paraguas institucional se ha organizado la doble exposición.
La declaración de los catedráticos responde a las quejas recibidas por varios asociados, entre ellos el profesor Benito Navarrete, de la Universidad de Alcalá de Henares. Escuchadas las inquietudes y vista la doble exposición, la asociación ha decidido “denunciar por intrusismo profesional” a Gálvez, quien, “apoyándose en una popularidad televisiva y en sus conocimientos sobre la figura de Leonardo traducidos en obras de ficción con, a veces, dudosas bases histórico-documentales, le han permitido situarse en referente sociológico sin ningún aval de carácter científico”, dicen en su nota. Reconocen la capacidad mediática de Gálvez, “a la que se unen las diversas fundaciones, empresas e instituciones y sus lógicos intereses comerciales y de imagen”, pero lamentan en el texto que “se ha difundido una imagen de gran exposición que no se corresponde con la realidad”.
Preguntada este sábado por este diario, Santos se negó a pronunciarse sobre el texto. Dijo que no lo había leído y que solo lo hará cuando la queja sea oficial. “Nadie me lo ha mandado ni lo he visto publicado”, explicó.
La parte de la que es autor intelectual Gálvez se expone en el Palacio de las Alhajas, y propone una revisión de “Leonardo en vaqueros”, según dijo el presentador el día de la presentación, el pasado 28 de noviembre. Con afán didáctico, sitúa su figura con recursos audiovisuales, maquetas y experiencias de realidad aumentada. El intrusismo es para los historiadores doble. Galvez “ni es experto reconocido científicamente en la figura de Leonardo ni en la cultura de su época”. “Tampoco es”, añaden, “profesional en lo que se refiere a la curaduría [sic] de exposiciones”.
Nada tienen los historiadores que oponer al trabajo de Elisa Ruiz, catedrática de Paleografía y gran experta en la obra manuscrita del artista florentino, que se responsabiliza de la instalación de los dos códices y de su entorno histórico. Sí critican, en cambio, que la BNE se asocie al proyecto. “En esta ocasión, creemos que se han buscado unos malos compañeros de viaje, los cuales han diluido el trabajo que se viene haciendo con todo rigor en la Biblioteca Nacional”.
La directora de la BNE valoró el día de la inauguración en el Palacio de las Alhajas, propiedad de Montemadrid, que "las instituciones se unan para proyectos de este calibre". También declinó pronunciarse sobre la propuesta de Gálvez, porque no la "había visto". Ayer dijo que aún no había sacado tiempo para ello. “Lo que puedo decir es que me parece positivo que si 30.000 personas, por ejemplo, prefieren ver esta exposición en lugar de irse a ver espectáculos llenos de agresividad, todo habrá valido la pena.” Y añade el dato de que desde que se abrió la muestra de los códices, las visitas han aumentado un 400% en la BNE".
El 27 de noviembre, Santos, ante las quejas de Navarrete y otros profesores, contestó por escrito al presidente del CEHA, Rafael López Guzmán: “En la BNE, se van a exponer los códices Madrid y la comisaria de la exposición es la profesora Elisa Ruiz, cuyo prestigio y calidad académica queda fuera de duda. En la parte de la escalera, zona no destinada a exposiciones, sino espacio de tránsito de personas, se han colocado algunas reproducciones de gran tamaño de máquinas y objetos, réplica de las contenidas en los códices”. Y añadía: “De la selección de estas reproducciones se ha hecho cargo el señor Gálvez, al igual que altruistamente ha financiado todos los gastos de la exposición. Por lo tanto, la afirmación del señor Navarrete falta a la verdad y está basada en una entrevista [en El Mundo a Gálvez], sin haberse molestado en contrastar la información”.

Un cuestionado autorretrato hallado en 2008

En el Palacio de Alhajas de Madrid no se expone obra original, salvo el cuestionadísimo autorretrato conocido como Tavola Lucana, que fue descubierto en el sur de Italia, en 2008, y considerado falso por varios expertos en la obra del genio florentino.
Según se explicó en la presentación, el proyecto ha sido concebido por Christian Gálvez y realizado junto a la empresa Iniciativas y Exposiciones, socios en esta iniciativa privada, en la que colaboran Mediaset España, donde Gálvez presenta Pasapalabra, y la editorial Penguin Random House (Aguilar, sello del grupo, ha publicado su último libro, Gioconda descodificada, el tercero de sus dedicados al pintor).